XVI
Imaginemos un círculo violento, desgarrando el cuerpo en carne-cosa. Imaginemos el cuerpo-cosa con un alma desgarrada en pedazos de cuadros manchados. Una mancha de color rojo, en un círculo. Imaginemos el ocaso de un pintor, y en sus últimas pinceladas su espíritu desgarrado, su todo-omnipresente cesar.
Ahora imaginemos que el poeta muere en su tercer poema entregado, en su decir obsoleto, en su hablar como todos pero todos dejar de cesar.
La palabra justa, para diferenciar, un texto, de su autor, será: “extirpar”.
De nuevo, imaginemos un colchón lleno de plumas, y dos cuerpos recostados, imagino una imagen amiga, uno de esos días en que todo se asemeja a tu perfume. El recuerdo, la memoria, la síntesis de una presencia ausente.
Imaginemos que caminamos de la mano por el campo, imaginemos un desatento destino que nos distancia. Aunque todo, a la brevedad, se convierta en un ave herida; su vuelo, desvelo, entrecierro, en un arco de lugares, siempre lastima, derrama alas de sangre.
Las lágrimas que imagino, son lloradas por mi desvelo, mi difícil dormir. Tantas cosas imagino y te diría, tantas cosas obscenas con amor, tanto decir reflejado, tanto vos como yo, podríamos ser lo que nunca vamos a ser.
Imagino un futuro sin vos, caminando hacia Roma por otro sendero. Caminando por la montaña equivocada.
Ahora, de nuevo, dejemos un rato, la realidad de lado, y en sueños vuelvo a besarte y dejo correr una lágrima al despertar; sos tan real con un tinte onírico, que una pintura de Dalí sería supra-realismo.
Acaso la representación del Bosco, y las ideas de Dalí, me invaden de lado a lado, saltan el cerco de mi conciencia, copulan en mi espíritu atropellado, que voy a olvidar lo que es amar por un rato, voy a terminar de sentirme atraído por esa bestia vestida de rosa, por ese inmenso monstruo de alas blancas, de circo y varieté, de vodevil terrorista, de trapecistas reventados, voy a dejar de imaginarme el no-amor, porque la idea de ser-solos no me agrada y no es nuestro talle.