lunes 1 de febrero de 2010

Arte de Magia

XVI




Imaginemos un círculo violento, desgarrando el cuerpo en carne-cosa. Imaginemos el cuerpo-cosa con un alma desgarrada en pedazos de cuadros manchados. Una mancha de color rojo, en un círculo. Imaginemos el ocaso de un pintor, y en sus últimas pinceladas su espíritu desgarrado, su todo-omnipresente cesar.
Ahora imaginemos que el poeta muere en su tercer poema entregado, en su decir obsoleto, en su hablar como todos pero todos dejar de cesar.
La palabra justa, para diferenciar, un texto, de su autor, será: “extirpar”.
De nuevo, imaginemos un colchón lleno de plumas, y dos cuerpos recostados, imagino una imagen amiga, uno de esos días en que todo se asemeja a tu perfume. El recuerdo, la memoria, la síntesis de una presencia ausente.
Imaginemos que caminamos de la mano por el campo, imaginemos un desatento destino que nos distancia. Aunque todo, a la brevedad, se convierta en un ave herida; su vuelo, desvelo, entrecierro, en un arco de lugares, siempre lastima, derrama alas de sangre.
Las lágrimas que imagino, son lloradas por mi desvelo, mi difícil dormir. Tantas cosas imagino y te diría, tantas cosas obscenas con amor, tanto decir reflejado, tanto vos como yo, podríamos ser lo que nunca vamos a ser.
Imagino un futuro sin vos, caminando hacia Roma por otro sendero. Caminando por la montaña equivocada.
Ahora, de nuevo, dejemos un rato, la realidad de lado, y en sueños vuelvo a besarte y dejo correr una lágrima al despertar; sos tan real con un tinte onírico, que una pintura de Dalí sería supra-realismo.
Acaso la representación del Bosco, y las ideas de Dalí, me invaden de lado a lado, saltan el cerco de mi conciencia, copulan en mi espíritu atropellado, que voy a olvidar lo que es amar por un rato, voy a terminar de sentirme atraído por esa bestia vestida de rosa, por ese inmenso monstruo de alas blancas, de circo y varieté, de vodevil terrorista, de trapecistas reventados, voy a dejar de imaginarme el no-amor, porque la idea de ser-solos no me agrada y no es nuestro talle.

Arte de Magia

XII



Se cae, se cae el ultimo elemento que poseo sobre mi mano mientras veo en tus ojos, las lágrimas que caen, y caen como los últimos grandes héroes de una batalla que estaba perdida desde el comienzo. Se caen mis brazos en un querer defenderte, en un abrazar rodeando tu cuerpo con magia ancestral, magia de dioses de barro, de gigantes bosques de tiempo y, algún que otro trozo de cordura desechable.
Se cae el último intento de sostener las palabras atadas, con cuerdas, a nuestro cuerpo, pintadas sobre el cuerpo. Que arrastra, desarma. Que obra de caridad para mis sentidos corrompidos por tu recuerdo. En este momento, en este escribir descrito, recibo lo que no quiero: una negación. Una sombra que alborota mis sentidos. Un pedazo de color negro que me pisa los talones, sombra que escapa de mi lado para arrastrarse por una avenida principal de Buenos Aires.
Desaparecida por algún lugar cerca de mí. En la orilla, ahí rozando la sombra de mis talones, de mis talones-caja-de-puchos. Alambre para atarte, eso es lo que necesito de vos, un recuerdo de vos. Martirio enfermo, babosas debajo de la suela. Babosas debajo de la suela. Babosas debajo de la suela.

viernes 22 de enero de 2010

Ahora...

patear el tablero y volver a empezar.

martes 12 de enero de 2010

Arte de Magia

XIII



Fatiga, fatiga, fatiga fétida. No perdí la inspiración pero sí algo parecido. Perdí la magia, perdimos el sabor dulce y suave, por un aroma fétido; crayones en manos de un niño de dos años. Veo irse, veo va, veo fué, veo camina-lento-alejandose-lento-camina-lejos.

Parí un poema y escribí sobre las flores, las pinturas y la textura de nuestra presencia, juntos. Separados por el transcurso de un tiempo indeterminado, pero que separa el instante de mi cuerpo y lo aleja del tuyo, lo aleja del verbo, lo aleja de la crispación que me genera saber que no voy a tocar tu pelo, que no voy a tocar tu brazo, tu cuello, tus labios, un dedo.
Fétidos, fatiga, frívolo, ferviente fervor, fuerza fósil de un encanto empantanado, incoherente, de tanto...de cada...de todo lo que lamento no poder tocarte.
Lo que festeja es mi poesía y la capacidad que tenés de hacerme escribir de vos. No así la suerte, el destino desatino, que me impulsa a olvidarte como mujer y saborearte como obra literaria.

viernes 25 de diciembre de 2009

Arte de Magia

IX



Deshubicado en la contemplación de una pintura viva, de un rozar oxidado. Deje dos días de pensar en la posible relación entre la belleza terrenal y el deseo.

Dejamos de vernos abrazados porque el tiempo opaca el reflejo de un sentir exiguo.

En las pinturas rayadas de un nene de seis años, voy a trepar un árbol para dejarme vencer por la fatiga, para dejar en el suelo el deseo, para dejarte caer desde lo alto hacia la tierra, hacia los brazos míos que duelen a vos.
No quiero reprimir mis nervios, no puedo lograrlo en la ciudad, no puedo dejar la mierda urbana de lado, que es mi creación. Cada vez que tengo que describir un espacio pintado en el espacio vacío no puedo dejar de abstraerme en la belleza, no puedo abstraer tu mirada que es un montón de veces las estrellas en su más excelente brillo. Una noche despejada de otros. Un instante de estrella que se mueve. Todos los momentos en todos los momentos en muy poco tiempo van a partir nuestros cuerpos pintados, nuestra magia de estar acá escribiendo y de estar ahí, como vos, leyendo, mirando estas letras que quieren decirte todo lo que lees. Yo acá, yo en el momento en el que vos pasas de una hoja a otra; el yo pasado que te describe, el vos futuro al que escribo, el vos presente. El nosotros nunca. El nosotros distante de ellos y solos entre el artista y su musa.



X


Un asesino a sueldo, que cobra por partir al arte y fragmentarlo en la apariencia de una costumbre nativa, ancestral.
Es la naturaleza del hombre por expresar y hacer material los deseos de su espíritu encerrado. La liberación de un cuerpo, de un todo arte. En un momento en que el arte es la mercancía del espíritu, ya tiene poco que decir sin pensar en el agrado que vende y compra, que quiere ser eso que a todos complace.

La complacencia de los brutos irracionales que hicieron del arte su mercancía.

martes 15 de diciembre de 2009

Arte de Magia

VI





De cómo una musa puede tergiversar al espíritu. De cómo un puñado de palabras se corresponden con la mirada de sus ojos. De cómo hago para callar tantas ganas de decirlo todo, de decirlo y gritarlo para que todos me liberen de estas ataduras rancias que desatinan con ahínco mi corazón. De cómo su cuerpo se derrite en mi memoria. De cómo decirle muchas veces que muchas veces quiero decirle tantas cosas. De cómo un poema puede unir al cosmos y ser una tangente que nos libere. De cómo podemos ser dos conejos corriendo por el campo de un cuadro de Van Gogh. De cómo hago para obviar que desde que ella llegó no paro de abusarme de su papel de musa. De cómo cada tanto la nombro y me muerdo los dientes.
De cómo decirle que la quiero abrazar mucho más de lo que quiero seguir respirando. De cómo hago para bajar la escalera de la pasión y volver a subir acompañado.
Cada vez que una musa aparece no dejo de tentarme a sus encantos, encantos que cuando todavía no está ya quiero amarla.
De cómo decir basta y dejarla ir aún sabiendo que esa sensación es un flagelo para mi poesía y para cualquier intento de armonizar mi espíritu.
De cómo dejar de exagerar emociones inocuas, algo de lo que quiero convencerme.

jueves 10 de diciembre de 2009

Arte de Magia

VIII


No tengo la más lúcida interpretación de una pintura, sin la des-alienación de mi espíritu desnudo. Un vórtice que empieza a maximizarse en el aire, en el agua, en la tierra, en el fuego, en el amor.

Sentado en un bar, tomo una taza de café sin azúcar, que no comparto con nadie, porque me quiero mantener despierto para ver como la ciencia llega tarde a todo, la ciencia es la razón que mató al espíritu del hombre. Nunca la ciencia se aventura a encontrar las verdades astrales reflejadas en la tierra, nunca porque la ciencia es poder-en-manos. El poder-en-manos material y finito.
Dejo de lado un terrón de azúcar que no quiero en mi café, que lo aparto. Esos cristales comprimidos en un cubo perfecto, me reflejan, reflejan mi asombro apesadumbrado, pálido, gris. Lo observo como el mejor de los científicos sobre la tierra, y llego a la conclusión de que su dimensionalidad, abstracta, tiene el tamaño de un instante futuro.
Cuando veo un cuadro de Kandinsky, puedo ver el conocimiento científico disgregado, disgregándose en partículas ignorantes de sí. Kandinsky llegó a la síntesis del espíritu del hombre y su relación con las cosas. Es una imagen futura, es el hombre que va y viene en el tiempo, mientras en mi café veo el vórtice de un espacio que gira y gira por la inercia de mi cuchara. Lo miro fijo, atentamente, pienso en Kandinsky, pienso en el hombre, y pienso en la pintura, la pintura es un salto en el tiempo.